Campaña Libertadora de 1819

Campaña Libertadora de 1819 en las estampillas de Colombia

La Quinta Serie del Bicentenario (2021) revive el camino hacia la Independencia

El 20 de abril de 2021, Servicios Postales Nacionales 4-72 emitió una de las colecciones filatélicas históricas más importantes de los últimos años: la quinta serie del Bicentenario de la Independencia de Colombia (2019-2023). La hoja filatélica reúne once estampillas que narran, de manera cronológica, la Campaña Libertadora de 1819, la expedición militar que permitió consolidar la independencia de la Nueva Granada.

Este artículo propone recorrer la campaña siguiendo el orden de las estampillas. Cada sello representa un episodio histórico y será explicado con detalle para comprender su importancia dentro de la construcción de la República.

LA EMISIÓN FILATÉLICA

La emisión fue puesta en circulación el 20 de abril de 2021 como la tercera emisión filatélica del año. Está conformada por once estampillas con valor facial de $2.000 cada una, reunidas en una hoja que presenta una narración cronológica de la Campaña Libertadora.

  • Nombre de la emisión: Campaña Libertadora de 1819
  • Serie: Quinta Serie del Bicentenario de la Independencia (2019-2023)
  • Fecha de emisión: 20 de abril de 2021
  • Número de estampillas: 11
  • Valor facial: $2.000 cada una
  • Entidad emisora: Servicios Postales Nacionales 4-72
  • Objetivo: Conmemorar los principales acontecimientos de la Campaña Libertadora que condujo a la independencia definitiva de la Nueva Granada.
  • No. Resolución: 583 de 21/03/2019 Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones.
  • Impresor: Cartor Security Printing.
campaña libertadora
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CONTEXTO HISTÓRICO

La Campaña Libertadora de 1819 contada a través de once estampillas

Durante cuatro años, entre 1815 y 1819, la esperanza de la independencia pareció extinguirse en la Nueva Granada. La expedición del general Pablo Morillo había restablecido el dominio español sobre casi todo el territorio, los principales líderes patriotas habían sido ejecutados y numerosas poblaciones vivían bajo un régimen de persecución. Sin embargo, lejos de las grandes ciudades, en las inmensas sabanas de los Llanos de Apure, Arauca y Casanare, comenzaba a organizarse un nuevo ejército.

Allí convergieron soldados venezolanos, neogranadinos, llaneros expertos a caballo, indígenas, campesinos, antiguos oficiales republicanos e incluso voluntarios europeos que habían cruzado el Atlántico para luchar por la libertad de América. Bajo el mando de Simón Bolívar y con Francisco de Paula Santander organizando las fuerzas granadinas, se preparaba una campaña militar que cambiaría para siempre la historia del continente.

Estampilla 1

El paso del Ejército Libertador por los Llanos

La campaña comenzó en un escenario donde la naturaleza era tan peligrosa como el enemigo. En mayo de 1819 el ejército patriota inició su marcha atravesando los Llanos durante la temporada de lluvias. El agua cubría enormes extensiones de terreno y convertía los caminos en verdaderos pantanos. Durante días enteros los soldados avanzaban con el agua hasta la cintura mientras empujaban caballos exhaustos, transportaban municiones sobre improvisadas balsas y trataban de conservar secos la pólvora y los alimentos.

El calor era sofocante durante el día, mientras que las noches traían nubes de insectos y enfermedades. La alimentación era escasa; muchas jornadas transcurrieron con apenas carne seca, maíz o lo que podía conseguirse durante la marcha. Sin embargo, aquella ruta tenía una enorme ventaja estratégica: los comandantes españoles consideraban imposible que un ejército pudiera cruzar aquellos llanos inundados. Precisamente por eso Bolívar decidió hacerlo.

Cada kilómetro recorrido acercaba al Ejército Libertador a la frontera de la Nueva Granada y aumentaba el efecto sorpresa sobre las tropas realistas.

Estampilla 2

El avance de los lanceros llaneros hacia Santafé

Mientras la columna principal continuaba avanzando, los lanceros llaneros demostraban por qué eran considerados la fuerza de caballería más temida de la campaña. Eran hombres acostumbrados a recorrer enormes distancias a caballo, expertos en atravesar ríos crecidos y combatir con una larga lanza que resultaba devastadora en campo abierto.

Muchos provenían de las sabanas venezolanas y casanareñas. Para ellos el caballo no era únicamente un medio de transporte; era una extensión de su propio cuerpo. Su velocidad permitía explorar el terreno, proteger la marcha del ejército y sorprender constantemente a las patrullas españolas.

Gracias a su movilidad, el Ejército Libertador pudo mantener ocultos muchos de sus movimientos mientras se dirigía hacia el interior del país.

Estampilla 3

El cruce de la Cordillera Oriental

Después de superar los Llanos llegó la prueba más difícil de toda la campaña.

Bolívar ordenó abandonar las cálidas sabanas para ascender por el Páramo de Pisba, una decisión que sorprendió incluso a muchos de sus propios oficiales. En pocos días los soldados pasaron de soportar temperaturas cercanas a los cuarenta grados a caminar entre niebla, lluvia, viento helado y temperaturas cercanas al punto de congelación.

Muchos hombres iban descalzos o con uniformes completamente inadecuados para el frío. Numerosos caballos y mulas murieron durante el ascenso. Algunos soldados fallecieron víctimas del agotamiento o de la hipotermia.

Sin embargo, el enorme sacrificio produjo el efecto esperado. Cuando el ejército descendió de la cordillera apareció donde los españoles menos lo esperaban. El factor sorpresa comenzaba a inclinar la campaña a favor de los patriotas.

Estampilla 4

El Combate de Paya

El 27 de junio de 1819 las tropas patriotas encontraron la primera resistencia importante en el Trincherón de Paya.

Las fuerzas realistas defendían el acceso hacia el interior de la provincia de Tunja. Después de un intenso enfrentamiento, los defensores fueron obligados a retirarse.

Aunque desde el punto de vista militar fue un combate de dimensiones reducidas, su importancia estratégica fue enorme. El Ejército Libertador había demostrado que podía derrotar posiciones españolas inmediatamente después del agotador cruce del páramo.

La iniciativa permanecía en manos de Bolívar.

Estampilla 5

Los combates de Gámeza y Tópaga

El coronel José María Barreiro comprendió rápidamente que el avance patriota era mucho más serio de lo que había imaginado.

Durante los primeros días de julio organizó diversas acciones defensivas alrededor de Gámeza y Tópaga para frenar el avance republicano.

Los enfrentamientos fueron intensos y ninguno produjo una victoria definitiva. Sin embargo, obligaron a Barreiro a modificar continuamente sus posiciones mientras Bolívar conseguía mantener unido a su ejército y continuar aproximándose hacia Tunja.

La campaña avanzaba ahora hacia su fase decisiva.

Estampilla 6

La Batalla del Pantano de Vargas

El 25 de julio ambos ejércitos se encontraron cerca del Pantano de Vargas.

Durante varias horas la batalla favoreció a las fuerzas realistas. El ejército patriota comenzaba a retroceder y la posibilidad del fracaso era real.

Fue entonces cuando Bolívar ordenó intervenir a la caballería de reserva.

Estampilla 7

James Rooke y la Legión Británica

Mientras la batalla continuaba, la Legión Británica sostuvo algunos de los combates más difíciles de la jornada.

Sus integrantes eran veteranos de las guerras napoleónicas que habían viajado a América para apoyar la independencia.

Su comandante, el coronel James Rooke, resultó gravemente herido durante el combate. La amputación de uno de sus brazos no logró salvarle la vida y murió pocos días después.

Su sacrificio quedó grabado como uno de los símbolos de la participación internacional en la independencia de Colombia.

Estampilla 8

La carga de los lanceros

Cuando parecía que la batalla estaba perdida, el coronel Juan José Rondón encabezó la célebre carga de los lanceros.

Aprovechando la velocidad de la caballería, los jinetes irrumpieron sobre el flanco español, rompieron sus formaciones y desorganizaron completamente el ataque realista.

Aquella acción permitió recuperar la iniciativa y transformó una posible derrota en una victoria estratégica para el Ejército Libertador.

Después del Pantano de Vargas, la campaña cambió definitivamente de rumbo.

Estampilla 9

La Casa de Teja

Dos semanas después, el 7 de agosto de 1819, ambos ejércitos volvieron a encontrarse.

Las primeras acciones ocurrieron cerca de la Casa de Teja, donde las avanzadas patriotas interceptaron parte de la columna española mientras esta marchaba hacia Santafé.

La maniobra obligó a Barreiro a dividir sus fuerzas, situación que sería aprovechada inmediatamente por Bolívar y Santander.

Estampilla 10

La caballería, infantería y artillería del ejército español

El grueso del ejército realista trató de reorganizarse alrededor del puente sobre el río Teatinos.

Infantería, caballería y artillería intentaron establecer una línea defensiva mientras esperaban reunirse nuevamente con el resto de sus tropas.

Sin embargo, las fuerzas patriotas atacaron antes de que esa reorganización pudiera completarse.

Estampilla 11

La carga de la Vanguardia al mando del general Francisco de Paula Santander

Mientras Bolívar dirigía las operaciones generales, la Vanguardia comandada por Francisco de Paula Santander ejecutó una maniobra decisiva.

Las tropas republicanas lograron separar completamente la vanguardia española de su retaguardia, impidiendo cualquier apoyo entre ambas.

La desorganización resultante permitió rodear a las fuerzas de Barreiro, capturar a gran parte de sus oficiales y obtener una victoria completa en el Campo de Boyacá.

La derrota del ejército realista abrió el camino hacia Santafé de Bogotá. Tres días después, el virrey abandonó la capital y el gobierno español perdió el control efectivo sobre la Nueva Granada. La Campaña Libertadora había alcanzado su objetivo: asegurar la independencia del territorio que poco después se convertiría en la República de Colombia.

El nacimiento de una nueva nación

La tarde del 7 de agosto de 1819, el humo de la pólvora comenzó a disiparse sobre los campos de Boyacá. Los disparos cesaron poco a poco y el ruido de la batalla fue reemplazado por el silencio de quienes comprendían que acababan de presenciar un momento decisivo de la historia.

El coronel José María Barreiro y gran parte de su oficialidad fueron hechos prisioneros. Las tropas realistas que durante años habían defendido el dominio español en la Nueva Granada quedaron desarticuladas. La victoria patriota no solo representaba el triunfo en un campo de batalla: significaba el colapso del principal ejército enviado por la Corona para conservar este territorio.

Tres días más tarde, el 10 de agosto de 1819, Simón Bolívar entró en Santafé de Bogotá sin encontrar resistencia organizada. El virrey Juan de Sámano, al conocer la derrota de Boyacá, había abandonado apresuradamente la capital rumbo a Cartagena. Con ello terminó el control efectivo del gobierno español sobre el centro político y administrativo de la Nueva Granada.

La Campaña Libertadora había alcanzado su objetivo.

Sin embargo, la independencia no nació únicamente el día de la Batalla de Boyacá. Había comenzado muchos meses antes, cuando cientos de hombres aceptaron atravesar los llanos inundados; cuando soportaron el frío mortal del páramo de Pisba; cuando resistieron en Paya, Gámeza y Tópaga; cuando la Legión Británica combatió en Pantano de Vargas; cuando los lanceros de Rondón cambiaron el destino de una batalla que parecía perdida; y cuando la Vanguardia dirigida por Francisco de Paula Santander cerró el cerco definitivo sobre las fuerzas españolas.

Cada uno de esos episodios fue indispensable. Ninguno puede entenderse de forma aislada. La independencia fue el resultado de una cadena de decisiones estratégicas, sacrificios humanos y victorias obtenidas paso a paso a lo largo de una campaña de poco más de dos meses que transformó para siempre el destino del norte de Suramérica.

Con el triunfo de Boyacá se abrió el camino para la consolidación de la República y para el proyecto político que pocos meses después daría origen a la República de Colombia, conocida por los historiadores como la Gran Colombia, integrada inicialmente por los territorios de la actual Colombia, Venezuela y Ecuador, a los que posteriormente se uniría Panamá como parte del antiguo territorio neogranadino.

Una campaña que aún puede recorrerse

Más de doscientos años después, la Campaña Libertadora sigue viva en monumentos, documentos, pinturas y museos. Pero también permanece en un soporte mucho más pequeño y cotidiano: las estampillas postales.

La emisión filatélica “Campaña Libertadora de 1819 – Quinta Serie del Bicentenario (2019-2023)”, puesta en circulación por 4-72 el 20 de abril de 2021, logra condensar una de las gestas militares más importantes de América en apenas once pequeñas obras de arte.

Cada estampilla representa un instante distinto del recorrido. Vista de manera individual, inmortaliza un hecho histórico; observada como una hoja completa, se convierte en una verdadera narración visual de la campaña.

Desde el primer paso del Ejército Libertador por los Llanos hasta la carga final de la Vanguardia de Santander en Boyacá, el coleccionista puede seguir el mismo itinerario que recorrieron Bolívar y sus hombres durante el invierno de 1819. Es una secuencia cuidadosamente construida que permite comprender que la victoria de Boyacá no fue un hecho aislado, sino el desenlace de una campaña extraordinariamente planificada y ejecutada.

Quizá ese sea el mayor valor de esta emisión. No solo conmemora el Bicentenario de la Independencia, sino que invita a redescubrir la historia desde una perspectiva diferente. En unos pocos centímetros de papel conviven el arte, la memoria y la filatelia, recordándonos que cada estampilla es también un documento histórico capaz de preservar, generación tras generación, los acontecimientos que dieron origen a una nación.

Logo y mascota de Sr. Estampilla blog de filatelia colombiana

Y recuerda…

Una estampilla es pequeña, pero su historia es inmensa. Nos vemos en la próxima, donde cada estampilla tiene algo que contar.

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